¡SAY PATATA! *PHOTO WITH ϟ*

  • Con tan sólo un sorbo de tu saliva.
  • Unbreakable.
  • Una sonrisa, para regalarte.
  • Detrás de cada máscara, hay un alma perdida.
  • Lo prohibido, se vuelve tentador.

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21 Black Jack

Todas las fichas a la mesa.

Todas las fichas al 21 negro. ¿Por qué 21? No sé, uno al azar, el número era lo de menos.

Dos jugadores, una mesa, un Croupier, unas cuantas fichas y una ruleta.

Así pasó. La ruleta comenzó a girar. Rojo, negro, rojo, negro, rojo, negro. Se para y vemos que el funcionamiento es correcto, que la ruleta gira bien y tiene buen engranaje.

Comienza el juego. Apostamos 2 fichas por cada jugador, gana el jugador de rojo. “Jugador rojo”, puesto que siempre apostaba por ese mismo color una y otra vez. Llevaba una cierta ventaja, ya que había pisado el casino antes y ya tenía experiencia en el juego. La ruleta gira de nuevo, gana el Croupier, ni para un jugador, ni para el otro. Otra vez el mismo movimiento, otra vez la ruleta gira de nuevo. ¡AL FIN! Gana jugador negro, por lo que decide apostar en la siguiente jugada todas sus fichas.

Su mano empuja todas las fichas hacia la mesa, ya no hay vuelta atrás, o sale ganando o pierde. Miedos, inseguridades, temblores instantáneos, trucos, ideas, ilusiones, esperanzas, sueños, todo repartido en míseras fichas. Comienza a girar. A penas se ve la bolita que da vida al juego en la ruleta. Aminora la velocidad, aumentan los miedos e inseguridades junto con un pequeño agobio efímero. Rojo, negro, rojo, negro, rojo, negro… ROJO.

Fugaz y repentino paro al corazón por cuestión de segundos. Emoción por parte del jugador que ha resultado ganador. Decepción por este segundo.

Todo perdido. TODO. No hay más fichas, no hay más dinero para apostar. Ni si quiera hay ganas de volver a hacerlo. Ya no hay confianza en la suerte. Las esperanzas y sueños hundidos. Ahora toca volver a trabajar para volver a tener dinero propio.

A veces se pierde, otras veces se gana, pero si no apuestas, no lo sabrás nunca.

Un bus vacío y una maleta llena de recuerdos.

Un bus vacío y una maleta llena de recuerdos.

Era primavera. El sol ya empezaba a calentar, el café ya debía de estar preparado, puesto que ya desprendía ese aroma del que tantísimo ando enganchada últimamente. Una maleta y una aventura.

Así comenzó todo. Todo un viaje a la aventura, 8 horas, para ser exactos.

Millones de rayitas y señales de tráfico observé a través del cristal de ese viejo autobús con ese típico grabado de “romper solo en caso de emergencia”. Lo hubiera roto nada más subir, nada me corría más prisa ni me urgía tanto que llegar ya hacia mi destino, ella.

Infinitud de km’s, a cada cual se me hacía más eterno, como si se multiplicaran por dos, o fuera una especie de hechizo mágico o religioso, como “los panes y los peces”, pero bueno, basta ya de comparaciones.

Observé tierra y mar, puesto que el amigo “autobusero”, como yo siempre le he llamado, debía coger esa ruta. La verdad es que mirar hacia la ventana y ver el mar, me transmitía paz y tranquilidad, valga la redundancia.

Entre a la ciudad, esa tan jodidamente encantadora y ahora de la cual vivo enamorada, sus calles, sus luces, su gente, no se, distinta al resto de ciudades que hasta ahora he podido visitar, Barcelona.

Desde ese momento que entré, supe que este viaje me iba a cambiar la vida. Nunca había viajado tan lejos, ni mucho menos lo había hecho sola, y para colmo, sólo dos o tres personas lo sabían. Una mentira y una canción desesperada, puesto que no pillaba antes la sintonía de la radio en el autobús, solo oía el ruidoso sonido interferente de una emisora que no tenía tan mala pinta, la verdad. Maldita memoria, no recuerdo bien el nombre, pero hablaban en catalán, obviamente.

TO BE CONTINUED…

Quizás no te conozca, pero ya te estoy amando.

Quizás no te conozca, pero ya te estoy amando.

Quizás no te conozca del todo bien como para ponerme a arriesgar toda una vida entera. Una vida aburrida, que solo me traerá ralladuras de cabeza, pero mi vida al fin y al cabo.

Quizás aún no conozca bien, el aroma de tu piel, porque estamos distantes.

Quizás, pues, cabe la posibilidad, de que ni si quiera conozca la forma de tus besos.

Pero conozco ese lunar cerca del ombligo. Conozco la cara que tienes al dormir, la cara que tienes al despertar y esa cara cuando me miras y te sonrío.

Conozco esa sonrisa de medio lado que me regalas cuando hablan nuestros ojos. Y conozco ese tacto de tus manos cuando me acaricias.

Conozco perfectamente, el olor de tu cuello, ese perfume que ahora mismo tanto anhelo.

Conozco tu zumo favorito, y la comida que más te gusta.
Conozco lo que sientes al oir esa canción. Y conozco como te sentirás cuando te despierte con música.

Conozco tantas cosas y a la vez tan poco… Quiero conocerte, quiero aprender de ti, quiero que aprendas de mi.

 

Quizás aún no te conozca del todo, pero solo se, que ya te amo.

Con tan sólo un sorbo de tu saliva.

Ganador o perdedor.

La gran mayoría de veces nos pasa, que nos da miedo arriesgar por perder y siempre hay alguien que salta con su “Si no arriesgas, no ganas” Mimimimi. ¡Qué fácil es decirlo!

Obviamente, si no arriesgas, no sabes si vas a ganar, o no.

 

He llegado a la conclusión de que, el ser humano, es gilipollas. ¿POR QUÉ? Tan sencillo como que le da miedo un cambio,  le da miedo arriesgar, y luego ¡PUM!  Lo hace y piensa que ha sido la mejor decisión de su vida. Somos seres tontos, seres cobardes, seres que a veces, se deberían dejar llevar por la “intuición animal” y arriesgar.

 

Soy competitiva, arriesgo, me esfuerzo al máximo, si gano, objetivo cumplido, si pierdo… nunca lo hago, es el resto quien me gana a mi.

 

 

Feliz día de la locura.

¡Feliz día de la locura!

Por no llamarlo “Feliz día de la impotencia”.

 

Buenas noches, hace tiempo que no escribo, como también hace  tiempo que no la veo, me estoy como volviendo loca o algo así.

Parece que estoy en un ataúd, encerrada en un lugar donde sigo viva, y con esos gusanos asquerosos llamados “impotencia” que me están devorando la piel.

¡Qué locura la mía!

Echarte de menos ya es como fiesta nacional en mi cabeza, y tal vez te preguntes, ¿Cuanto me echas de menos? Cuantas pecas en mi cuerpo hayan, multiplicado por mis ganas de verte, tocarte, besarte, abrazarte, acariciarte, sentirte, mirarte, sonreírte, devorarte y un sin fin de palabras asquerosas y empalagosas acabas en “te” de TE echo jodidamente de menos, joder.

 

Puf, tú y tu jodida manía de meterte en mi cabeza y no salir de ella.

 

Que asco de locura sin ti, que buena locura si te tengo.

Atentamente, mi jodida impotencia.

Unbreakable.

Unbreakable.